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Abusiones desde el nosocomio

Who the fuck am I to criticize your twisted state of mind?
Feels like a burn from which you never learn.
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Resultado del XIX Congreso Internacional de Filosofía, celebrado del 12 al 16 de noviembre (2018), se declaró por vías legislativas —y legítimas— que los locos eran los más aptos para ejercer el poder [potens]. La defensa gubernamental no se hizo esperar por supuesto, tampoco los cuestionamientos ciudadanos ni los señalamientos religiosos, aunado a la crítica empresarial (económicamente obstinada) y a las objeciones científicas (incomprendidas por incomprensibles). Pero los filósofos [δόξα κατά ἐποχή], metidos ya en sus camisas de fuerza, lograron desilusionar cuanto contraargumento les fue arrojado; echaron mano de todo cuanto saben —y hasta de lo que no saben— para conseguir, por primera vez en la historia del pensamiento, decidir el futuro de la humanidad.

Molestos, dubitativos y temerosos, los sociólogos solicitaron al congreso un plan de acción: ¿qué sigue ahora?, ¿cómo proceder?… No les podemos dar explicaciones, al menos no desde nuestra cosmovisión; podemos intentarlo, claro, pero no esperemos obtener respuestas convincentes de su parte. ¿Pero, entonces, ya no viviremos por vías de la razón? No desde la nuestra, sino desde la razón de la sinrazón que a los locos se hace [νους και σωφροσύνη]. “¡Es una locura!” exclamaron los psicólogos, antropólogos y humanistas a coro. “¡Exacto! Ya están entendiendo…” respondió el congreso.

Soltad a los locos, liberadlos, dadles hegemonía, hacedlos dioses y permitidles imperar.

Hoy, a dos semanas de concluido el congreso, finalmente se han abierto las puertas de los hospitales [hospitalis]. Los noticieros no han difundido el caso aún y, por tanto, el pánico todavía no es masivo. Tal vez haya cierta resistencia por parte de grupos positivistas estoicos u ortodoxos puristas, pero el hecho es que el dominio de la mente [Φρόνησις και Γνωσις] ya no está en nuestras manos. Durante siglos intentamos curar a los locos de su locura, ahora es tiempo de permitirles a ellos curarnos de nuestra cordura.

Kobda Rocha

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La Ley – Vértigo (1998)

Puntaje del Disco: 7,5

  1. Fotofobia: 7,5
  2. Guerrillero: 7
  3. Vi: 7
  4. X Ti: 6,5
  5. Tanta Ciudad8
  6. Sed: 8
  7. Ciertos Civiles: 7,5
  8. Krazyworld: 6,5
  9. Opacidad: 7
  10. Shygun: 7,5
  11. Ciclos7,5
  12. Solitaryman8,5
  13. Fotofobia (Extended): 7
  14. Track interactivo:

Luego de uno de sus trabajos más logrados y celebrados en su carrera, Invisible (1995), La Ley sorprendió a propios y extraños con una colección de doce temas poco convencionales muy apegados al rock industrial y a la música electrónica, muy alejado a lo qe tanto la crítica como el público esperaba.

Vértigo, que data de Febrero de 1998, marcaría tendencia por el elevado uso de maquinas no solo en el rock chileno sino en el ambiente sudamericano. Influenciados fuertemente por las intenciones dance alternativas de bandas internacionales consagradas como Depeche Mode en Ultra y U2 en Pop (ambos de 1997).

Beto Cuevas experimentaría en este material con un concepto futurista, oscuro y sofisticado que inicialmente fue destrozado unánimemente y con el paso de los años el disco ha sido revalorizado por distintos sectores, llegando a reeditarse en 2013, apoyándose en temas valiosos como “Tanta Ciudad”, “Sed” y “Solitaryman”.

F.V.

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Abluciones desde el nosocomio

 

Insane!
Am I the only motherfucker with a brain?
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La locura, en términos generales, es el estado por excelencia contrapuesto a la razón. Lo razonable es la sensatez, la prudencia circunspecta, la compostura mesurada, la sabiduría y el decoro; lo contrario es, por supuesto, la locura. Los locos, por lo tanto, han sido relegados a la categoría de enfermos [infirmus], en el sentido de ser incapaces de regirse por las leyes universales del actual orbe humano; son ovillados como imbéciles en los confines terminales del mundo: la pobreza, la ignocia y el psiquiátrico.

Desde Erasmo, y tal vez desde Jerónimo (o quizá desde Aristocles), la figura del cuerdo [cordis] ha sido cuestionada a profundidad, poniendo en duda su soberbia soberana. A partir de Adán, el primer homosapiens, la humanidad se ha conducido por vías de la razón, orgullosa de evolucionar a base de su propia mecánica intelectual y remática científica. Sin embargo, aun con todo el desarrollo especiático, el humano vive engullido por un limbo de tristeza, guerra, pena, injusticia, dolor y sufrimiento (eso sin mencionar nuestra larga estupidez). Tal vez la razón no ha sido el mejor sendero.
Es por ello que, el pasado 12 de noviembre del presente año (2018), se convocó el XIX Congreso Internacional de Filosofía, donde se planteó —y se aceptó casi como verdad absoluta por la mayoría de los académicos de las mejores universidades— que los locos son los verdaderos humanos y que los otros [ερως και μανια] son los auténticos insanos.

Kobda Rocha

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Rosalía – El Mal Querer (2018)

Puntaje del Disco: 8,5

  1. Malamente (Cap.:1 Augurio): 8.5
  2. Que no salga la luna (Cap.2: Boda): 8
  3. Pienso en tu mirá (Cap.3: Celos): 9
  4. De aquí no sales (Cap.4: Disputa): 8,5
  5. Reniego (Cap.5: Lamento): 8
  6. Preso (Cap.6: Clausura): 8
  7. Bagdad (Cap.7: Liturgia): 9
  8. Di mi nombre (Cap.8: Éxtasis): 9
  9. Nana (Cap.9: Concepción): 8
  10. Maldición (Cap.10: Cordura): 8,5
  11. A ningún hombre (Cap.11: Poder): 8

Tras su ópera prima, Los Ángeles, Rosalía ha vuelto a las andadas; si bien en el disco anterior realizó una obra de flamenco modernizado, en esta ocasión decidió hacer lo inverso: una mezcla de pop, rap, trap y flamenco, de modo tal que ya no podemos considerarla un fenómeno puro del flamenco, pero sí podemos apreciarla como una artista cuya obra vale la pena revisar. Si buscamos un antecedente, el único grupo de flamenco que me viene a la mente por atreverse a mezclar el flamenco con otros géneros, son los Gipsy Kings.

Ella se ha encargado de componer este disco, y la producción ha corrido a cargo de la propia Rosalía, acompañada por El Guincho. Además del disco, han sido bien apreciados el arte del disco, y los videos de las canciones, elaborados por la productora catalana CANADA.

El Mal Querer es un disco conceptual, feminista, que aborda el tema de las relaciones tóxicas y está basado en una novela anónima del siglo XIII, llamado La Flamenca.

En “Malamente” podemos encontrar una mezcla de trap con flamenco, que en sí tiene una gran hechura en producción que podemos apreciar en el manejo de los aplausos con el teclado y ese ritmo pegajoso que la convirtieron en un hit.

“Que no salga la luna” es un tema mucho más convencional de flamenco, que genera una atmósfera de tensión bien sustentado con el trabajo de cuerdas y el manejo de los espacios que dejan entre cada sonido distinto.

“Pienso en tu mirá” es el otro hit del disco y para mí la gran canción de esta obra. Desde que inicia con ese teclado celestial, junto con las palmadas, los coros y el canto, hasta esa excelente distribución de todos los sonidos es simplemente deliciosa. Nunca los celos sonaron tan bien.

En “De aquí no sales”, presenta una intro del estilo de sonido que BJörk lleva haciendo desde los dos miles, prueba de lo interesante del disco. Al autotune no siempre es un pecado y esta canción es prueba de ello.

“Bagdad” presenta una intro que nos remite a “Cry Me a River” de Justin Timberlake, la bondad de esta canción es que da paso a un sonido diferente, no es una copia al carbón. La voz de Rosalía suena tan bien como siempre, y hasta se da el lujo de sonar tierna.

“Di mi nombre” es envolvente de inicio a fin, desde los arreglos que le hacen a la voz al principio, el teclado que guía la canción, y los coros pegadizos, otro gran hit de este disco.

Estamos ante un segundo gran disco, uno muy distinto del primero. Uno que muestra otra cara de Rosalía, un flamenco amalgamado con otros géneros, incluso más un híbrido que flamenco. Sus principales virtudes siguen ahí, sólo que ahora las vemos apoyadas y envueltas como un gran producto pop, desde la producción, el arte, la difusión, e incluso la temática muy acorde con lo que vivimos en esta época. Un disco conceptual digerible, cuyas altas son muy buenas, y sus bajas son bastante pasables, sin duda una obra muy bien trabajada que no aburre en ningún momento.

El Gato Gordo

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Oportunidad

Si miraras al cielo y pidieras una sola oportunidad, ¿sabrías interpretar el mensaje cuando llegue?. ¿Estarías a la altura de ofrecerte a ti mismo un segundo párrafo y separar lo que fuiste de lo que debas ser?. Realmente ¿te darías cuenta donde esta esa nueva chance?. Y en caso de ver entre tus manos ese poder para cambiar todo de una vez, ¿te animarías a hacerlo?.

Es muy fácil hablar por hablar. El destino si lo hay es extraño, impulsivo, traidor, desafiante, posesivo. Podríamos dedicarle todos nuestros años de existencia, temerosos de lo que vendrá, o podríamos más bien hacer lo que nos plazca. Sin embargo, esta segunda opción trae aparejado distintos problemas que nos llevan a recomenzar el diálogo de las oportunidades.

¿Dónde está Dios cuando más lo necesito?. ¿Por qué siempre me pasa a mi?. Y con los dramas nos surge el egoísmo a más no poder. Todos tienen que prestarnos atención. Porque al primero que se le ocurra esquivarnos le desearemos años de mala suerte. Pero no todo gira en torno a nosotros. No somos el Sol. No pretendamos serlo, porque nadie tiene tanta luz.

Antes de decidir se dice: “No, primero tengo que esperar a que me vaya bien en lo laboral, en lo económico, en mis relaciones personales, etc.”. Antes de emprender algo, primero esta acomodar allá, refaccionar acá. Y esa oportunidad se va sin ser siquiera observada. Es el mísero temor a la vida. El temor a cambiar. El temor a equivocarse y que la vereda de enfrente se te cague de risa.

Les damos valor justamente a las críticas de los que no tienen valor para hacer su vida sin meterse en la de los demás. Ponemos el énfasis en la sílaba equivocada. Batimos con dos botellas vacías que mañana las nubes se abrirán ante una espada que al otro día jamás nos animamos a empuñar. Y así, una tras otra, las chances modelan en minifalda ante nuestros ojos. Pero nos escondemos al verlas pasar.

Carlos David Rodriguez

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Tool – Undertow (1993)

Puntaje del Disco: 8

  1. Intolerance9
  2. Prison Sex8
  3. Sober8,5
  4. Bottom: 7
  5. Crawl Away8
  6. Swamp Song: 7
  7. Undertow9
  8. 4′8
  9. Flood8.5
  10. Disgustipated7

El primer LP de la banda de metal progresivo y rock alternativo Tool, Undertow, se dió a conocer en Abril de 1993. Período de auge de las bandas de Seattle Nirvana y Pearl Jam que atravesaban su mejor momento.

Tool por otro lado se convirtió en representante de otro movimiento, generando un contrapunto con la tendencia dominante de la época. Undertow reforzó la popularidad e importancia del metal pesado como género musical, olvidado por muchos por aquellos años de dominio del grunge.

El sonido áspero y abrasivo abarca desde las primeras notas de este álbum hasta sus momentos finales, marcado por su oscuridad, complejidad y agresividad. También Tool generó polémica tanto por sus letras, el video del tema “Prision Sex” siendo censurados en algunos de sus conciertos y por las cadenas musicales.

Todo esto no impidió que Undertow fuera un suceso. Pudiendo demostrar que el metal puede ser inteligente y duro a la vez, y a su vez permitiendo que varios actos del mismo género alcancen atención antes impensada.

F.V.

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107 Faunos – Madura el Dulce Fruto (2018)

Puntaje del Disco: 8

  1. El Baile del Fantasma: 7
  2. Neón en la Selva: 9
  3. Una Geoda: 9
  4. Pico Tres (con Las Ligas Menores): 10
  5. Dunedin (con Santiago Motorizado): 8
  6. El Óxido Sonoro: 7
  7. Besar la Medallita: 7
  8. El Ataque Suave: 7
  9. Llorando en la Mansión Prestada: 6
  10. Transparente: 9
  11. Buzo con Capucha (con Tom Quintans): 8
  12. Amante de la Velocidad: 10
  13. El Jardin de Cemento: 8

Con cuatro años (sufridos) en el medio, y luego de idas y venidas, los 107 Faunos volvieron. Cambios en la formación de por medio, los Faunos entregan su disco más adulto, con un trabajo de composición y producción refinado, si bien esta última puede saturar de a momentos.

Como si el título no lo dijese ya, estamos ante un disco hecho por músicos con una trayectoria de un par kilómetros acumulados, héroes de la escena independiente argentina, y, al contrario de otras bandas de la misma, este recorrido se siente y es real. Los Faunos abrazan su edad y su travesía y la exponen en un set de trece canciones entre cuyos tópicos encontramos ese mismo viaje que emprendieron desde que su debut homónimo (una joya, casi una obra maestra de la música argentina) salió en 2008. Disco que homenajearon este mismo año en Niceto junto a los miembros que lo forjaron. Recital que funcionó de despedida tacita de Miguel Ward, cuya presencia se extraña en los números ocasionales contaba en anteriores discos. Sinceramente, un disco sin canciones suyas se siente un poco alivianado. De ninguna manera esto empeora: los Faunos se las arreglan para cargar la piedra juntos, con un integrante “clásico” menos. Aun así, las canciones pecan de diversidad autoral, ya que, salvo dos tracks, todas las canciones son obras del Gato Sisti Ripoll, canciones en las que plasma su nostalgia y la ¿alegría? de saberse viejo. A su vez, este es el disco en el que más alejado se los siente de sus amados Pavement y Guided By Voices. Si bien las influencias están, el álbum se siente más propio. La calidad compositiva de las letras es excelente, y es uno de los mejores aspectos del disco.

“El Baile del Fantasma” es la primera canción del disco. La primera vez que la escuche no pude evitar sentirme algo shockeado. Es una canción corta, caótica y ruidosa, salvaje. Inesperado de los Faunos, ya que con elementos comunes a su repertorio dan una vuelta de tuerca oscura a sus composiciones.

“Neón en la Selva” es un nuevo himno pop, con una clásica bajada y un estribillo hiper coreable. Casi de estadio. Al principio pensé que era un poco cursi, pero con el tiempo no pude evitar gritarla a todo pulmón. Además, cuenta con una producción rica en detalles. Admito que fue una lástima que el lado B que vino con el single originalmente, “La Juventud”, no haya sido incluido en el disco.

Sigue “Una Geoda”, un tema tranquilo cantado a dueto con Mora, tecladista de la banda. La letra es excelente y las melodías muy cuidadas. Tardé en apreciarla en su totalidad.

“Pico Tres” es, a mi gusto, la mejor canción del año en materia de música argentina. La dulce voz de Bava complementa perfectamente una letra romántica al absurdo, que conecta con algo de nostalgia al Muchacho Lobo del debut de 2008. Hecho en colaboración con Las Ligas Menores, “Pico Tres” es sumamente pegajosa y, como el resto del disco, delicada. Una canción perfecta de principio a fin.

“Dunedin”, en homenaje a la movida independiente neozelandesa y una relación estructurada en torno a la afición por ella es una buena canción dentro de todo. Sin embargo, la siento un poco forzada. La producción se escucha un poco saturada, pero la letra es de las mejores del disco.

El trío “Besar La Medallita/El Ataque Suave/Buzo con Capucha” es aceptable. En algún punto se sienten un poco de relleno. Capaz otras podrían haber llenado este espacio. Nuevamente, aplausos por las letras.

“Transparente” remonta el disco. Otra balada pop simple, atravesada, como todo el disco, por la nostalgia y las vivencias de tocar en una banda hace tiempo. Adictiva, los coros de Mora son precisos y adornan muy bien la canción.

“Buzo con Capucha” se siente un poco fuera de lugar. El solo de Tom Quintans, casi metalero, es guitarrísticamente excelente, pero siento que temas como este y los tres mencionados antes confunden sobre la dirección del disco. Capaz hubiesen ido mejor en otro álbum, mas distorsionado. O, a lo mejor, hacer un disco más largo al que acostumbran, con más variedad. Lo mismo va para “El Jardin de Cemento”, una canción esquizofrénica y desesperada que se siente fuera del disco.

Me quiero detener en este punto. La experiencia de los discos largos es rara en bandas tan diversas, y solo algunas pocas pueden lograrlo bien (Blur es definitivamente una). En ese sentido, Madura el Dulce Fruto se siente como el Wowee Zowee de los Faunos, mientras que Creo Que Te Amo está más cerca de Crooked Rain, Crooked Rain en la analogía. Con esto me refiero a que la variedad de géneros diversos funciona mejor en un disco largo, mientras que un disco que apenas alcanza los 35 minutos no debería cubrir una amplitud tan grande. O, en todo caso, cubrirla al extremo. Wowee Zowee es un buen disco, sí. Pero se siente extremadamente largo a veces, y aunque Crooked Rain, Crooked Rain no es un disco corto, es más llevadero. Sabe cuándo relajar y cuando violentar.

Volviendo a los Faunos, el anteúltimo tema, “Amante de la Velocidad”, compuesto por Félix, es, puesto simple, un temazo. Junto a “Pico Tres”, diría que es el mejor tema del álbum. Se trata de un tema corto y conciso. La voz de Félix, al igual que en “La Juventud”, me dejó con ganas de más. La letra, dos oraciones que aconsejan tratar con tranquilidad a las cosas, es más que suficiente para expresar lo que se siente.

Madura el Dulce Fruto es un buen disco. No diría que es el mejor del año. Pero cuenta con grandes canciones, y otras que son bastante buenas. Espero ansioso la próxima entrega faunesca que quedó afuera del proyectado disco doble.

Joel Galanternik

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Arctic Monkeys – Tranquility Base Hotel + Casino (2018)

Puntaje del Disco: 8

  1. Star Treatment: 7,5
  2. One Point Perspective: 6,5
  3. American Sports: 7,5
  4. Tranquility Base Hotel + Casino: 9
  5. Golden Trunks: 8
  6. Four Out of Five: 9
  7. The World´s First Ever Monster Truck Front Flip: 8
  8. Science Fiction: 7,5
  9. She Looks Like Fun: 8
  10. Batphone: 7,5
  11. The Ultracheese: 8

Desde el dos mil en adelante, pocas bandas hay con un sonido de calidad, o interesante; de originalidad ni hablemos. Arctic Monkeys es una de aquéllas. Disco tras disco, con las altas y bajas que podemos encontrar en cualquier carrera, han demostrado ser una banda que no nos deja callados. Algunos les acusan de no haber inventado nada (pero vamos, ¿quién inventa algo el día de hoy?), otros de ser una banda monótona, lo cual es relativamente cierto, con la salvedad de los recursos propios de cada banda (cualquier artista que se digne de llamarse así, desarrolla sus mañas; su estilo, y lo repite o adapta de una u otra forma en sus obras). Pero lo que me parece innegable en este caso, es que es una banda que haga lo que haga, siempre deja buenas canciones de calidad innegable, y disco tras disco experimentan distintas cosas, siempre con un sello de calidad. Vamos a analizar qué nos entregan Turner y compañía en esta ocasión, más concretamente a Tranquility Base Hotel + Casino.

“Star Treatment” es tranquila, una vibra opuesta con lo hecho en AM: el teclado suena bien, tranquilo y delicado; Alex Turner entre que canta y habla, recordándonos a John Lennon de su época solista, definitivamente han cambiado el rock ruidoso de “R U Mine”, por un pop a la Bowie de la época del dos mil en adelante.

“One Point Perspective” tiene un teclado que marca nuevamente toda la canción, en esta ocasión nos encontramos con un pop que se queda un poco corto, los arreglos de guitarra, así como el demás acompañamiento, no alcanzan a rescatar el tema.

“American Sports” empieza con un efecto delirante, que no deja de generar cierto nerviosismo, los arreglos de guitarra generan cierta acidez, y en conjunto funciona bien a secas.

En la homónima “Tranquility base Hotel & Casino”  la guitarra, la batería, el teclado, y la voz, generan una tensión que nos envuelve, poco a poco. Algo digno de mencionar es que tanto la voz como los instrumentos, todos tienen su lugar y espacio, se oye bien tanto cuando están juntos, como cuando cada uno toma su lugar y realza la canción. Incluso Turner se escucha bien con ese afán de aullar con suavidad, éste es un pop futurista de alta manufactura.

En “Golden Trunks” encontramos una guitarra que nos evoca los setentas, un estilo Black Sabbath que nos lleva a un ambiente pop, pero no por ello menos denso. Sin duda alguna, esta canción funciona, y una vez más, todos los instrumentos generan una buena atmósfera.

“Four Out of Five” tiene un bajo que marca finamente la canción. Mientras la guitarra le da una sensibilidad bien lograda, la voz nos lleva a un pop decadente y encantador. Esta canción es lenta, pero excelsa. Es un hundirse en una deliciosa embriaguez; por momentos es un pop agradable, por momentos tenso, sin duda alguna una canción excelentemente lograda con un desenlace hermoso.

“The World´s First Ever Monster Truck Front Flip” es probablemente la más simple del disco, entre el teclado y los efectos de guitarra nos llevan a una ambientación muy inglesa de la década de los setenta, digna de musicalizar alguna escena de una película de Kubrick.

En “Science Fiction” nos encontramos ante una canción simple pero elegante, llena de efectos y distorsiones que nos guían a la estética de las películas de los setenta; es casi genérica, y funciona bien como relleno dentro del contexto del álbum.

“She looks like fun” es el tema más “rockero” dentro del álbum, hecha a la usanza de un inglés y elegante proto punk que encamina al pop. Ciertamente es la más “cruda” dentro de la obra, y se agradece el ruido. En ciertos momentos se escucha como si Damon Albarn imitara el sonido de los setenta pero sin perder la esencia de Arctic Monkeys (sobre todo en la guitarra).

“Batphone” es un momento que pareciera de calma e improvisación por parte de los músicos. Al igual que en el resto de la obra, se mezclan momentos de calma con momentos psicodélicos y de crudeza, no destaca, pero no suena mal en ningún momento.

Y finalmente con “The Ultracheese” llega el momento de cerrar el álbum. Suena a una mezcla de los inicios de Bowie, con los Beatles del final. Es un pop sencillo, calmo y elegante que requería el disco, donde lo que más suena es el piano. Una digna despedida de un buen disco con el defecto de ser algo genérica.

En este álbum, el señor Turner (ya tiene treinta y dos años) y compañía, se dieron el lujo de experimentar con los sonidos del pop de los setentas, efectos psicodélicos, una instrumentación atascada, y jugar mucho con tensionar el sonido. Si bien es distinto de sus anteriores discos, es un buen experimento de madurez; no es un disco perfecto, pero se destaca el valor de jugar con sonidos antiguos imprimiéndole el sello distintivo de la casa; en este caso se les puede acusar de no ser tan digeribles como en sus anteriores obras, lo cual tampoco es necesariamente malo.  Los Arctic Monkeys siguen cimentándose como una banda a la que escuchar, disco tras disco.

El Gato Gordo

Tu puntuación
(Votos: 2 Promedio: 2.5)