El Rock ha quedado conmocionado por una nueva y repentina pérdida. Luego de sufrir un infarto cardíaco en su casa ubicada en Malibú y tras estar internado en el hospital de Santa Mónica, el cantante y guitarrista Tom Petty de 66 años falleció en las últimas horas del 2 de octubre de 2017. «Murió pacíficamente a las 8:40 pm rodeado de familia, compañeros de banda y amigos» fue el comunicado oficial que la familia del músico emitió momentos después del deceso.
Oriundo de Gainsville, Florida, Petty entendió que su camino era la música cuando a los once años de edad vio al mismísimo Elvis desfilando en su pueblo natal y después con The Beatles, como modelo, comprendió que debía pertenecer a una banda. Con Mudcrutch (banda con la que editaría dos discos recién en 2008 y en 2016) comenzó su carrera y en 1976 fundó la banda que lo acompañaría hasta el final. Tom Petty & The Heartbrekers debutó discográficamente con un álbum homónimo aquel año, pero recién en 1977, el tema “Breakdown” se convertiría en un éxito.
Siempre junto a The Heartbreakers siguieron una serie de discos que tuvieron clásicos como “Listen To Her Heart” y “I Need To Know”. En 1989 lanzó Full Moon Fever, un proyecto en solitario, alcanzando muy buenas posiciones en los rankings y teniendo éxitos como “I Won’t Back Down”, “Free Fallin’” y ”Runnin’ Down A Dream”.
En 1988 había lanzado Travelling Wilburys Vol. 1, del súper grupo que conformaba Petty con Bob Dylan, Geroge Harrison, Jeff Lyne y Roy Orbison, logrando gran éxito, especialmente gracias al recordado tema “Handle With Care”. Traveling Wilburys Vol. 3, el segundo material no cumplió con las expectativas y sumado a la muerte de Orbison, el grupo se disolvió y Petty retornó con los Heartbrekers para editar Into the Great Wide Open en 1991 que incluía la hermosa pieza “Learning To Fly”.
Wildflowers fue el segundo disco solista de Tom y tras numerosas giras a través de Estados Unidos, Petty continuó editando discos con su banda, aunque con un mayor tiempo entre cada álbum; siendo Hypnotic Eye el último de 2014.
De rubia cabellera, barba y mirada triste Tom Petty ha sido un fiel exponente del Rock, con una trayectoria extensa y un reconocimiento que con el tiempo finalmente llegó. Ahora se suma a la larga lista de artistas que han pasado a mejor vida, pero en esta vida, le agradecemos desde el Persi Music por su música.
Ver a los Who en vivo siempre fue uno de mis principales deseos pero también uno de los más remotos y difíciles. Ya habían amagado en venir a tocar a River hace 10 años, pero su llegada se canceló, las malas lenguas dicen que por la falta de convocatoria. Y es cierto, The Who, el grupo que podría ser considerado uno de los 5 más importantes de la historia del Rock, de hecho es catalogada como la “banda más grande del Rock”, es chica en Argentina. Un problema posiblemente fundado en la falta de difusión de su música a nivel nacional. Todo el mundo sabe de los Beatles y los Rolling Stones pero pocos de los Who. La forma más sencilla de demostrarlo es preguntarle a una persona por los Who y que te respondan los “¿Quién?” con ignorancia.
El sueño que The Who toque suelo argentino parecía lejano por este motivo y porque ya son una banda que hace mucho no editan discos de estudio, además de que solo quedan Roger Daltrey y Pete Townshend como integrantes. Pero a los cráneos de este hemisferio se les ocurrió traerlos este año acompañados de una banda con una situación totalmente distinta a la de ellos, los Guns N’ Roses. Los Guns son una banda con muchísimos fanáticos en Argentina, que el año pasado mostraron su convocatoria llenando dos estadios de River, festejando fervorosamente el retorno de la sociedad entre Axl “Cherashny” Rose y “El tío Cosa” Slash.
El año pasado los Guns brindaron un excelente show, lo cual era tentador volver a verlos, pero ver los Who no solo era tentador, sino que era una obligación. Había que ir como sea. Aunque fuera un día incomodo, en un lugar incómodo y pese a su costo. Y el día era un domingo lluvioso, en La Plata y la entrada salada. Pero allí estuvimos.
La hora programada del espectáculo era a partir de las 20hs. En la previa tocaría La Berisso, que serviría para ir al baño. ¿Pero quién de los dos tocaría antes? Por historia los Who deberían cerrar, pero por popularidad los Guns ganaban por mucho la pulseada, si bien se escucharon algunos comentarios que decían “Yo vine por los Who”. Pero lo cierto es que el 80% del público posiblemente asistió para ver a los Guns. Hace unos 50 años a la banda de Pete Townshend le tocaría debatir lo mismo pero con Jimi Hendrix, y tanto en esa oportunidad como en esta perderían. Así que irían primero los Who y luego los Guns.
The Who y su primer Amazing Journey
Era el momento, el momento tan ansiado de ver a The Who en vivo por primera vez en la historia en Argentina. Pete Towshend y Roger Daltrey acompañados de su banda incluyendo a Zak Starkey (el hijo de Ringo) en sus filas, subirían unos minutos después de las 20hs al escenario. El legendario Riff de “I Can’t Explain” sería el puntapié inicial de un Set List integrado por los clásicos más indispensables de la banda. “The Seeker” lo sucedería dando muestras de que Pete sigue teniendo el Rock en sus venas, haciendo sus clásicos molinetes con brazo extendido en guitarra. Luego aparecería “Who Are You”, una de las más coreadas por su estribillo, y temazos como la psicodélica “I Can See For Miles” y ese himno rebelde atemporal llamado “My Generation”.
La virtud de su show es que iría en crecendo, repasando sus clásicos de todas sus épocas pero por sobre todo manteniendo una solidez implacable interpretando sus canciones como si los años nunca hubieran pasado. El arpegio inicial de “Behind Blue Eyes” era acaparador y hacía preguntar a algunos si no era el tema de Limp Bizkit demostrando lo poco conocidos que son para muchos.
Luego de interpretar el dueto “Join Together” y “You Better You Bet”, llegaría el momento de hacer los breves repasos por sus famosas Operas Rock. Primero los de Quadrophenia, con el momento Towshend interpretando en guitarra acústica “I’m One” y luego con la apasionante “Love, Reign O’er Me” (que incluyo intro de “Tattoo” en el teclado) con un Daltrey dejando todo con su voz, demostrando que pese a los años todavía puede rugir. Esos alaridos de “Loveeee!!” en su estribillo emocionaban.
Después llegaría su breve referencia hacia Tommy, primero con “Amazing Journey/Sparks”, interpretada con un despliegue instrumental descomunal, aplastante como su versión de Live at Leeds. Su punto de mejor performance en la noche. Lo sucedería aquel clásico que alguna vez pidió Homero Simpson, “Pinball Wizard”, para luego cerrar el mini Set de Tommy conmoviendo con “See Me, Feel Me”.
Pero para cerrar faltaban dos clásicos indiscutidos, los dos de Who’s Next. Revuelo empezarían a generar los sintetizadores de “Baba O’Riley”, una de las más coreadas por los fans de los Who allí presentes, hasta llegar al épico cierre sinónimo de epopeya del Rock llamada “Won’t Get Fooled Again”, finalizando un recital que duró poco más de una hora y media deseando que hubiera sido más y que vuelvan pronto.
Guns N’ Roses en su October Rain
A partir de las 22hs se esperaba la salida al escenario de los Guns, con una lluvia que si bien no era fuerte era constante y molesta. La intro de los “Looney Tunes” empezaría a anunciar su llegada, hasta que “It’s So Easy” seguido de “Mr. Brownstone” generarían el revuelo poguero en el público, dando señales de que su Show iba a ser distinto al de los Who. Mientras la presentación de los Who fue corta, consistente y austera, la de los Guns fue extensa y pirotécnica para que sus fans queden empachados. Muchos fuegos, explosiones, papeles, chispas y sobre todo solos de guitarra de Slash. Y brindarían un Set List muy parecido e incluso más largo que el del año pasado. Tocarían durante más de 3hs haciendo quedar a The Who como una banda soporte. Incluso los integrantes de ambas bandas tenían estilos muy distintos interpretando. Mientras Daltrey cantaba revoleando su micrófono pero quedándose en su espacio, Axl, Slash y el resto de los Guns paseaban el escenario para recibir el clamor de sus fans sin importarles la lluvia. Muy gracioso es escuchar como cantaban “Ohhh Gansas Rocesss, es un sentimiento, no puedo parar”.
Y si de recepción de los fans hablamos, “Welcome to the Jungle”, sería una de las que más agitación generaría en la gente, demostrando que si no es el tema más querido por sus fanáticos pega en el palo. Lo sucederían aquellos temazos más largos como “Civil War” y “Coma”, aquellos clásicos indiscutidos como “You Could Be Mine”, “Yesterdays” y “Sweet Child O’ Mine”, los covers que ellos inmortalizaron “Live and Let Die” y “Knockin’ on Heaven’s Door”, y solos de Slash de todos los colores chorreando agua de lluvia de sus dedos, mientras interpretaba el tema del padrino y “Wish You Were Here”. Fue una lluvia de distintas emociones como la misma “November Rain”. Pero pese a que el Set List fue parecido al del año pasado la gran sorpresa fue que interpretaran “Black Hole Sun”, un guiño conmemorativo a Chris Cornell.
En el encore no podría faltar Axl silbando “Patience”, ni la siempre bien recibida “Don’ Cry”, hasta cerrar con su cover de “Whole Lotta Rosie” (hace no mucho Axl fue vocalista de AC/DC) y su ya legendaria despedida con “Paradise City”.
Fue una gran noche, con sus matices, emociones y diferencias entre las dos bandas. Pero pese a sus estilos distintos y a que pasaron muchos años desde su nacimiento y sus mejores épocas, comparten un común denominador: el Rock sigue intacto en ellos.
El álbum 80, grabado y editado en diferentes locaciones durante el año 2005, celebra el octogésimo aniversario del legendario B.B. King, quien para aquella ocasión tan especial contó con la colaboración de reconocidos artistas y amigos que acompañaron a modo de duetos.
La gran interpretación de “Early in the Morning” junto al irlandés Van Morrsion, “Never Make Your Move Too Soon” con Roger Daltrey y “Rock This House” en compañía de Elton John se alzan como la piezas más destacadas, mostrando una perfecta sintonía entre King y sus colegas. La versión de “The Thrill is Gone” con Clapton, tal vez la más esperada del álbum, también se destaca aunque quizás en primera instancia prometía aún más.
Sin tanto brillo pero aún así convincente están las interpretaciones junto a Sheryl Crow y John Mayer, quien por entonces transitaba sus primeros años de carrera. En cambio, “There Must Be a Better World Somewhere” muesta que Gloria Estefan estaba lejos de ser una cantante de blues.
Aoxomoxoa es el tercer disco de estudio de Grateful Dead. Y es un álbum que podría tomarse como de transición hacia sus siguientes discos o como un quiebre respecto a lo que estábamos acostumbrados a escuchar de ellos.
Ante todo Aoxomoxoa es un disco eminentemente Folk, muy convencional y bastante Pop. Hasta podría ser catalogado como bastante Beatle. De hecho, no aparecen los jams insturmentales que son la característica primordial del grupo. Jerry Garcia y el resto de la banda están bastante contenidos con sus instrumentos en ese sentido. Por eso en cierto punto puede ser un poco decepcionante si estás buscando escuchar el sonido más esencial y característico de los Dead.
De todas formas, las canciones que logran están bastante bien en sus melodías, siendo la primera vez que colabora Robert Hunter como letrista, aunque por lo general no trascienden. Ya que brillan por su ausencia por ejemplo los estribillos. Aun así, emergen canciones agradables como “Rosemary” y la barroca “Mountains Of The Moon” donde se escucha todavía la reseca de la psicodelia de los sesenta.
En la contracara, no es un disco enteramente sólido. En él aparece “What’s Become Of The Baby”, una aberración psicodélica inexplicable en la que la vocalización suena sumergida en la nada (porque no hay instrumentalización alguna) durante más de 8 minutos. Una experiencia tortuosa dentro de un álbum que pasa sin pena ni gloria dentro de toda la discografía de los Dead.
Wire se tomaría un descanso durante la década del ochenta para volver con fuerza primero en 1986 con Snakedrill, un EP valioso que serviría para su reunión y donde reafirmarían que todavía tenían bastante para dar y luego un año después con The Ideal Copy, su cuarto LP de estudio.
El receso y las nuevas tendencias de la época abriría a los británicos a acentuar el uso de sintetizadores y de elementos de electrónica, situación que genero que la crítica musical los comparara de inmediato a contemporáneos como New Order, Depeche Mode, entre otros.
The Ideal Copy sería el encargado de abrir una nueva era para Wire. A partir de este lanzamiento la banda intentó dar un giro creativo a su sonido e intenta innovar en cada lanzamiento, aunque lejos estarían de acercarse a su inigualable época dorada y su nivel continuaría barranca abajo durante la siguiente década.
Ideado originalmente como un sólo disco, Goodbye Yellow Brick Road, el séptimo material de Elton John, vio finalmente la luz en 1973 como un disco doble; principalmente gracias al impulso creativo que significó para el británico el traslado del estudio desde Jamaica a Château d’Hérouville, donde antes había grabado Honky Château y Don’t Shoot Me, I’m Only the Piano Player.
La recepción del disco fue muy favorable, tanto entre la crítica, como entre el público, llegando a más de treinta millones de copias vendidas. Si con «Cocodrile Rock» y «Daniel» de sus anteriores trabajos había alcanzado un rotundo éxito, con Goodbye Yellow Brick Road, confimó su estatus de super estrella.
La melodramática «Funeral for a Friend / Love Lies Bleeding» de casi once minutos muestra tal vez lo más progresivo del inglés, mientras que «Candle in the Wind», dedicada a Marilyn Monroe quien había fallecido en 1962, sería décadas más tarde reinterpretada por John en homenaje a su amiga la Princesa Diana de Gales, durante su funeral. Luego «Bennie and the Jets» y el tema que da nombre al disco, cambian el clima y se alzan como dos nuevos grandes clásicos.
Durante el resto del disco la dupla John-Taupin muestran un poco su versatilidad para pasar del pop con «Grey Soul», algo de reggae en «Jamaica Jerk Off», una balada como «I’ve Seen That Movie Too» y algo de rock con «Your Sister Can’t Twist (But She Can Rock & Roll)» y «Saturday Night’s Alright for Fighting».
En el final la hermosa «Harmony» da cierre a este fantástico material, que terminó de consagrar a Elton John y posicionarlo como a un artista de enorme calidad.
Todavía no me decido si el contenido del disco es más horrible que la tapa del mismo. Lo cierto es que Born Again es un álbum malo por dentro y por fuera. Para este trabajo, Ian Gillan (el mítico cantante de Deep Purple) se sumó como vocalista en lugar de Dio, que tiene un estilo totalmente distinto al de Black Sabbath. Mientras Purple con Gillan denotaba poder y velocidad en sus primeros años, Sabbath sembraba un metal más oscuro y tenebroso.
Así que la llegada de Ian a Black Sabbath hace que se choquen sus influencias y los estilos. Y como resultado terminan sonando como una banda de metal bastante genérica y sobre todo ridícula.
Gillan nunca parece sentirse demasiado a gusto con el estilo de la banda. Se nota que se esfuerza por sonar satánico y diabólico interpretando cada canción, pero está más cerca de ser un payaso que actúa a ser demoniaco con sus graciosas risas y gritos que juegan a ser macabros, como sucede en “Disturbing the Priest”.
Peor aún es saber que tenemos un Iommi en guitarra totalmente falto de inspiración. No hace un solo Riff memorable, tornando a Sabbath en una banda genérica como en “Hot Line”. Y su solos de guitarras son tristes para su talento, como en “Zero the Hero”. De hecho Iommi y todo Sabbath tocan fondo en “Digital Bitch”, el ejemplo de lo que se denomina “Cock Rock”. Un rocker sin sentido, medio cabeza, cuadrado y defenestrado por la influencia de los ochenta.
Born Again es un álbum para olvidar ,que en general hasta los más fanáticos de Black Sabbath llegan a odiar.
Las tensiones entre Neil Young y David Geffen, propietario de su disquera Geffen Records, fueron creciendo a principios de los ochenta exponencialmente.
La experimentación futurista de Trans (1982) significó un fracaso comercial inédito en su carrera, con sobrados motivos, y como respuesta Neil le ofreció a Geffen lo que mejor sabía hacer un álbum country llamado Old Ways. Sin embargo su discográfica lo rechazó y le exigió un disco de rock & roll.
Como respuesta Young se dedicó al rockabilly y creó una banda para la ocasión, los “Shocking Pinks”, con la que grabaría una selección de canciones retro (algunos covers y otras originales) con reminisencias al nacimiento del rock and roll en los años cincuenta de tan solo veinticinco minutos de extensión bajo el título Everybody’s Rockin’ en Agosto de 1983.
Claramente esta jugada, inexplicable y poco comercial, enfureció aún más a Geffen Records que hasta intentó sabotear las grabaciones y terminó demandando al artista. Para el momento de su lanzamiento Everybody’s Rockin’ obtuvo las peores críticas en su carrera y a pesar de su pobre repercusión salió a presentarlo en vivo con baja concurrencia a sus conciertos, estaba claro que este no era el Young que todos querían ver y el chiste del canadiense pareció haber llegado demasiado lejos.
“¿Acaso me creen estúpido o que enloquecí? ¿Realmente creen que lo saque pensando que sería lo mejor que alguna vez grabaría? Obviamente sabía que no lo era.” Respondería el viejo Neil demostrando que no le importaba demasiado lo que digan de el.
Como parte de la Gira This House is not For Sale, iniciado en los Estados Unidos en Febrero de este año, Bon Jovi se presentó en el Estadio José Amalfitani del Club Vélez Sarsfield de la Ciudad de Buenos Aires.
Casi cuatro años después de aquel recital que la banda liderada por Jon Bon Jovi brindó en este mismo escenario, el grupo se reencontraba con sus seguidores para presentar parte de su último material de 2016 y repasar algunos de sus mayores hits.
En una noche apacible y muy agradable y ante un público de variada edad pero mayoritaria de treintañeros, la banda de New Jersey salió a escena media hora más tarde de lo pactado abriendo el espectáculo con “This House is Not For Sale”, con Tico Torres en batería, David Bryan en teclados, Hugh McDonald en bajo y Phil X en guitarra (éstos dos últimos confirmados oficialmente como parte del grupo). Continuó “Raise Your Hands” del consagratorio disco Slippery When Wet de 1986 y luego de un breve saludo al público siguió “Knockout”, también del último material, para darle paso a “You Give Love a Bad Name”, el primer gran clásico, que tuvo a todo el estadio sonando al unísono en los coros.
“Lost Highway”, “We Weren’t Born to Follow” y “”I’ll Sleep When I’m Dead” continuaron con la lista (que no presentaría variantes respecto a la ofrecida en Santiago de Chile dos días antes), y “Runaway” con su inconfundible introducción volvió a trasladar al público en el tiempo al primer disco de 1984. “Someday I’ll Be Saturday Night” tuvo al carismático cantante al frente con la guitarra acústica y la versión de “Bed of Roses” sonando con el estribillo intercalando la versión en castellano, terminó de desatar la locura entre las fieles seguidoras.
“It’s My Life” de principios de milenio sacudió nuevamente al todo el Estadio que saltaba y coreaba con fuerzas, y luego “God Bless This Mess” mostraba en las tres pantallas gigantes imágenes de titulares periodísticos que cuestionaban la vigencia de Bon Jovi, a quien las diversas dificultades que tuvo que atravesar a lo largo de su extensa trayectoria, sirvieron como combustible para fortalecerse. Las pegadizas “Wanted Dead or Alive” y “Lay Your Hand on Me” teniéndolo casi como un predicador, dieron lugar al cierre del primer tramo del recital con “Bad Medicine”, uno de los más cantados de la noche.
En los bises “In This Arms”, la gran balada “I´ll Be There For You” y el mega clásico “Livin’ on a Prayer” parecían que cerrarían la presentación. Sin embargo, habría lugar para otros dos inmortales temas como “Theses Days” y “Keep the Faith” del Bonjo de los noventa, culminando una presentación de dos horas y media.
Se presentó una vez más en nuestro país una de las mayores bandas de rock de estadios, y a pesar de algunas cuestiones como el bajo volumen o la dificultad que por el final mostró Bon Jovi en los coros, el show fue muy sólido, entretenido y sobre todo afianzó la lealtad del público local con el estadounidense.
Desde su nacimiento de The Dead Weather fue una banda que prometió más de lo que cumplió por las figuritas que lo componían. En sus dos primeros discos no llegaron a cubrir las expectativas que generaron, y ahora en Dodge and Burn lograron mejorar un poquito.
Dodge and Burn es su disco más consistente a la fecha, donde The Dead Weather ciertamente rockea, con un estilo de Garage Rock que toma influencias de bandas de Hard Rock de los setenta, pero sin dejar de sonar como una banda de Rock Alternativo moderna. En esa línea la guitarra de Dean Ferlita y su sonido distorsionado contundente es lo que más sobresale en el álbum.
De todas formas siguen teniendo esa gran falla a la hora de componer canciones, que si bien son buenas y potables, no están a la altura de transformarse en clásico. El problema es que no hay ni grandes melodías ni mucho menos estribillos memorables. Y los Riff pese a ser potentes no llegan a ser trascendentes.
Aun así se destacan temas como “I Feel Love (Every Million Miles)”, con su riff agresivo a lo Black Sabbath y la voz perversa de Alison Mosshart, junto a “Cop and Go”, que es de las mejores canciones a la hora de transmitir el estilo del grupo. Aun así la canción que más sobre sale es una balada a piano de Alison, “Impossible Winner”, que resulta un poco chocante, ya que es excelente pero poco tiene que ver con lo que hacen en el resto del disco.
En definitiva Dodge and Burn muestra mejorías, pero aún queda esa sensación de que pueden dar más considerando la calidad de músicos que integran la banda.
Persy
Tu puntuación
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Tu dosis necesaria de discos, películas, series y más