A Deeper Understanding (2017), ofició como una especie de continuación del momento de mayor crecimiento de los de Philadelphia, The War on Drugs, Lost In The Dream (2014), su impecable álbum anterior que les valió la aclamación de la crítica y los situó como referentes del indie rock actual.
Adam Granduciel, compositor, cantante y principal pieza de la banda, decidió mantener la esencia de Lost In The Dream haciendo de sus influencias marcadas por Dylan y Springsteen algo cada vez más propio y personal, con más variantes, detalles, recursos sonoros, distintos ambientes pero con el mismo sentimiento en sus palabras y en los riffs de guitarras que lo llevó a sobresalir.
La piedra angular es “Thinking of a Place”, una canción de más de 11 minutos de duración que por si sola es una verdadera obra maestra demostrando que para Granduciel el tiempo no es un condicionante para la imaginación y la creación. Otros tracks aunque inferior logran destacar, como las acústicas “Pain” y “Strangest Thing”, el vigoroso himno “Holding On” y la nostálgica “In Chains”.
Si bien tiene sus altos y bajos, A Deeper Understanding triunta en su intención primordial de The War on Drugs de tomar el pasado para forjarse una propia identidad, apoyados en la sensibilidad y talento del genio de Granduciel.
Si vamos a hablar de Vulgar Display of Power, partamos del hecho de que estamos haciendo referencia a uno de los mejores discos de metal de todos los tiempos, un clásico innegable y un referente indiscutido de la escena pesada de los 90’s hasta estos días. Bien, aclarado esto, podemos dar inicio a la reseña.
El comienzo agitado de la nueva década en la que ya se olía revolución, el ambiente estaba todavía (muy) caldeado de lo que había sido la irrupción de Cowboys From Hell poco más de un año y medio atrás y recibiría casi sin respiro al Vulgar Display of Power; el sexto disco de la banda, el tercero con Phil Anselmo en las líricas y los gritos y el primero en popularidad de los tejanos.
A diferencia de Cowboys From Hell que tenía un sonido “brilloso” y un poco más agudo propios de la producción de la década Glam y de ese Thrash metal ochentero que ya se despedían, el Vulgar Display of Power tiene una producción más pulida, es más pesado y más oscuro, un sonido que caracterizaría los noventas. El disco bien podría ser dividido sin problemas en un Lado A y un Lado B, sin ir en desmedro de la calidad de sus canciones, pero hay un evidente –e intencionado- giro compositivo que parte desde el tema 1: “Mouth for war” a “This love”, una parte bien demoledora que podría quedar como “ganchera”, pasando luego de “Rise” a “By demons be driven” a un segmento más “visceral” o fundamental metálico, si se quiere, para finalizar con “Hollow”, esa calma después de la tormenta que a todos nos gusta, nos relaja y nos suelta de nuevo a la vida. El disco sencillamente es brutal, no hay pasajes en los que (el aún llamado) Diamond Darrell no se luzca y demuestre porque fue uno de los guitarristas más virtuosos e influyentes del metal, con un Phil Anselmo encontró el lugar en el que más cómodo se sentía y teniendo en Rex Brown y Vinnie Paul el empuje y el soporte que en toda gran banda debe existir como condición fundamental.
Seguramente más de una vez habrán escuchado decir (entre los amantes de la banda) que el Vulgar… es un disco que suena tal como se representa en su portada (una trompada en la cara), y déjenme decirles que es realmente así, más allá que pasen los años seguirá siendo y sonando así.
Hablando ya en primera persona, éste disco me encontró casi apenas salió, en una época donde la gran mayoría de todo lo que sonaba era provechoso y estimulante, Pantera con éste disco cruzó transversalmente al metal de esos días y le propinó una tremenda paliza a los cuerpos de esos pibes que por ese entonces estaban sedientos de novedades musicales, entre los cuales me incluyo.
A modo de cierre podría decirse que el Vulgar Display of Power es sin duda uno de los grandes pilares sobre los que se cimentó el metal de los últimos 30 años y una piedra importantísima que se suma a las bases fundamentales del rock de todos los tiempos.
Luego de la publicación del mítico juego Noir, Max Payne 2, el estudio finlandés Remedy Entertainment ha dado mucho de que hablar, gracias a la historia, la gran relevancia del aquel entonces nuevo motor de movimientos, llamado Havok (A pesar de haber sido utilizado en juegos anteriores) y contando con una gran banda sonora, a pesar de no igualar en calidad al original del 2001 por el mismo estudio.
Dentro de este mismo juego, al final de los créditos se logra escuchar una dulce canción que ha sido referenciada en todo el juego, llamada “Late Goodbye”, hecha en 2003 por el grupo Poets of The Fall, grupo que recién en ese año apenas habían empezado a tocar, pero lograron contacto y éxito masivo gracias a la ayuda de sus amigos, los gerentes de Remedy.
Pero no fue hasta principios del 2005 que esta banda saca su primer material, el cual fue un éxito instantáneo en Finlandia, llamado Signs of Life, que cosechó bastante relevancia por ese país, con singles como la ya mencionada “Late Goodbye”, o “Lift”, publicada a finales del 2004.
La banda fue formada en 2003, por Marko Saaresto en las vocales, Ollie Tukiainen en las guitarras, Markus ‘Captain’ Kaarlonen en el teclado, Jani Snellman en el bajo, Jari Salminen en la batería y Jaska Makinen en la segunda guitarra eléctrica. Se dice que apenas en su formación ya eran músicos profesionales y tocaron más de 100 canciones en su primer encuentro, a pesar de contar con un pobre garage que le pertenecía a un familiar de Marko.
Dentro de Signs of Life encontramos esa brillantez y ese profesionalismo musical dentro de todas partes, nos encontramos con un pop rock, ‘radio-friendly’, muy sólido, contando con excelentes melodías, una producción bárbara (sin llegar a ser sobreproducido) pero con canciones que no se te pueden desenganchar, siendo una banda bastante pegadiza desde el principio.
Los riffs y los solos de Ollie son excelentes, ya de por si nos encontramos con un potente solo lleno de tapping en la canción “Lift”, la que abre el disco. La batería y el bajo también acompañan también a las dulces melodías de los otros instrumentos (sobre todo Jani haciendo un gran trabajo en “Don’t Mess With Me”), y también contando con bellísimas y dulces melodías de teclado/piano por parte de Captain, y obviamente, dentro de un trabajo de pop rock, encontrándonos con baladas como “Someone Special” y “Sleep”, pero sin dejar de ser sólidas.
Y sin duda, el punto más alto del disco es el cantante, Marko Saaresto, he escuchado voces limpias y varoniles que han marcado una diferencia importante, pero ninguna como la de este talentoso hombre [como comentario extra, en vivo es deslumbrante, ya que desde pequeño solía hacer teatro, y el carisma que presenta en cada show es impresionante, actuando y manteniendo al público en atención (aún en sus vídeos musicales, en especial “Daze” del disco Jealous Gods del 2014)]. En todas las canciones del disco, Marko presenta una gran vocal deslumbrante, en todas las canciones, siendo super pegadizas los estribillos de “Lift” y “Late Goodbye”, gran parte de “Overboard”, y calmándonos de una forma genial con las dos baladas ya mencionadas, “Someone Special” y “Sleep”.
La mayoría de las canciones de Poets of The Fall hablan de amor, pero sin ser tan directas y cursis, más bien poéticas y relacionándolas mejor con paisajes o lugares, siendo aún mas profesional el trabajo de Marko como compositor, sin olvidarnos del gran profesionalismo de los otros músicos, que tampoco suelen quedar tan tapados por su genial frontman.
Gracias a este disco, Poets of The Fall no ha ido más que ir en ascenso, remodelándose con cada disco, pero siempre manteniendo su misma fórmula musical. Y por esto, tampoco tardaría mucho en publicarse al año siguiente, su trabajo más exitoso, Carnival of Rust que también es mi favorito al igual que este.
En fin, un trabajo muy pegadizo y recomendable para los amantes del pop rock. Es una gloria poder descubrir artistas de gran calibre como estos fuera de Estados Unidos o de América en general.
Tras el lanzamiento de su brillante debut en 1967, Moby Grape decidió sacudir el mercado al año siguiente con el lanzamiento de un novedoso álbum doble Wow/Grape Jam, pero con la particularidad de haber sido editado en dos discos con tapa separada pero empacado junto y vendido a tan solo un dólar más que el precio de un solo LP.
Si bien ambos estuvieron marcados a fuego por las influencias de esos días, con un resultado final mucho más ambicioso que su antecesor, en varios casos este exceso de experimentación, excentricidades y de agregados de producción jugaron en contra en algunas de las composiciones, convirtiéndolas en un verdadero dolor de cabeza, con “Just Like Gene Autry: A Foxtrot” a la cabeza como ejemplo.
A pesar de este exceso de producción, en Wow/Grape Jam se puede descubrir bastantes puntos positivos como el swing roquero de “Can’t Be So Bad”, la balada “He”, el folk “Rose Colored Eyes” y la blusera “Never”, citada frecuentemente como la fuente de inspiración para Led Zeppelin en su tema “Since I’ve Been Loving You”, por sus elementos melódicos prácticamente idénticos.
En comparación Grape Jam parece algo más errático e improvisado que Wow, con zapadas interminables y excesivas guitarras pero promediando ambos como un todo es un lanzamiento valioso que exhibe las variadas virtudes del grupo que pueden ser descubiertas ante cada nueva escucha.
Antony Hegarty, actualmente conocido como Anohni, es un músico especial. Se consagró con Antony and the Johnsons como uno de los artistas más influyentes del mundo entre minorías (es transgénero y utiliza el femenino para auto referirse) convirtiéndose en una especie de fenómeno de culto.
Anohni afirma haber nacido transgénero. Ni hombre ni mujer. Un espacio intermedio, un lugar único que reivindica para mirar el mundo, desde su adolescencia fue fan de la música pop ochentosa, en particular de artistas como Boy George y Marc Almond, líder de Soft Cell influencias que se evidencian con mayor protagonismo en su debut discográfico, Antony and the Johnsons, publicado en 1998.
Su voz que comenzaría a hacerse notar desde entonces, es un maravilloso instrumento musical en si, sonando femenino como masculino depende la ocasión y la necesidad de cada pieza. La personalidad del grupo está unida ineludiblemente a la de Anohni. Las canciones en general piezas lentas y melancólicas de jazz donde hay piano, flautas, clarinetes, violines, harpas, con un poco de guitarras combina con la voz de su figura.
Pero Antony and the Johnsons sería solo el puntapié inicial para una carrera en constante crecimiento del cantante que desde 2016 comenzó a publicar sus propios discos solistas bajo el seudónimo Anohni, aunque su futuro es incierto porque desde hace un par de años especula con su retiro: “Sigo diciéndoles a todos que es mi último show, pero nadie parece creerme”.
Si bien American Life (2003) significó un paso en falso en la carrera ascendente de Madonna desde la segunda parte de los noventa, con su continuación Confessions on a Dance Floor de 2005, retornaría a la electrónica y al dance demostrando, con la ayuda del productor Stuart Price en la mayoría de los temas, que todavía podía hacer bailar a la multitud a pesar de ya ser una artista veterana.
Diseñado para ser escuchado a todo volumen. Su primera mitad es un bombazo tras otro de puro movimiento, velocidad. “Hung Up:”, “Get Together”, “Sorry”, “Future Lovers” y “I Love New York” es una combinación irresistible de buenos beats y samples que funcionan a la perfección.
La segunda parte es donde se empieza a perder el rumbo y a decaer en las composiciones, volviendose algo monótonas y repetitivas. El único momento en el que el tempo cae es en “Isaac” con sus cantos en hebreo, es el gesto más explícito del disco respecto a sus propias prácticas espirituales.
Confessions on a Dance Floor es un disco que no se pensó para ser masivo, sino para los clubes de bailes o raves electrónicas con doce canciones que podrían ser una sola, como el set de un reconocido DJ capaz de animar cualquier multitudinaria fiesta.
Netflix prepara un biopic a estrenarse este 22 de marzo, que tiene al público hardrockero éxtasis.
Hace unos días salió en Youtube, el tráiler de la película que producirá Netflix sobre la vida de una de las bandas más peligrosas y conflictivas de los años 1980, Mötley Crüe. Para los que los conocen, ya sabrán de lo que estoy hablando, y para los que no, explicarles que esta banda surge dentro de la escena glam metal en Los Ángeles, la ciudad donde más se desarrolló este movimiento.
Un poco de historia
Los integrantes originales de Mötley Crüe. De izquierda de derecha: Tommy Lee (baterista), Mick Mars (guitarra), Vince Neil (cantante) y Nikki Six (bajista).
Este estilo musical si bien fue muy popular durante esos años y produjo bandas interesantes (por ejemplo: Gun´s N Roses y Bon Jovi surgen de aquí), también catapultó y llevó al extremo el estereotipo de “rockstar problemático”: adicciones, fiestas, destrucción de hoteles, problemas con la ley, etc. Y no es que esto no existía, de hecho el rock siempre tuvo su característica de ir en contra de las leyes establecidas; pero en esta etapa es cuándo dichas condiciones pasan a ser casi obligatorias. Por otro lado, los pelos batidos, maquillajes, bandanas y chaquetas de cuero acompañaban estéticamente los videoclips de esos años.
En todo éste contexto surge Mötley Crüe; corría el año 1981, cuando el bajista y principal cerebro del grupo Nikki Six reunió al baterista Tommy Lee, al guitarrista Mick Mars y al cantante Vince Neil para formar el conjunto; todos músicos conocidos en la escena angelina de esos años. Musicalmente hablando, sus inicios estuvieron marcados por un sonido más heavy metal, sobre todo con sus primeros dos álbumes: Too Fast For Love (1981) y Shout At The Devil (1983). El primero se convirtió en un clásico metalero y tuvo una enorme aceptación del público; en cuanto al segundo, potenció el sonido anteriormente escuchado, le sumó algunas influencias punk y volvieron a ser un éxito.
Luego de estas grandes producciones, la banda decide enfocarse en un estilo más hard rock y orientado a las estaciones radiales, y de todo es proceso surgen sus siguientes tres álbumes, que los catapultaran a la fama mundial: Theatre of Pain (1985), Girls, Girls, Girls (1987) y el que para muchos es el mejor de todo su material Dr. Feelgood (1989). Éste último fue realizado luego de que los integrantes pasaran por rehabilitación, por recomendación de sus representantes. Luego de esto, hay 4 álbumes más pero algunos no son con la formación original y otros se hicieron en el contexto de su retorno y tiene poco que ver con sus primeros trabajos; a su vez, no creo que la película tome la última parte de su trayectoria, sino que se centrará en sus inicios, éxitos, caída y renacimiento hasta comienzos de los 1990. (Para una mayor profundización y crítica de dichos álbumes, se encuentran en la página).
¿Qué tiene que ver Netflix en todo esto?
Una vez explicado lo anterior, volvemos al principio. Hace unos días Netflix publicó el tráiler de la película que producirán sobre ésta banda y que saldrá el 22 de marzo. En medio de la emoción por los biopic de artistas en formato ficción (la serie de Luis Miguel, la película de Freddie Mercury), este largometraje para televisión no puede llegar en un mejor momento. Si bien Netflix es conocida por producir cosas muy interesantes, también tienen productos que dejan mucho que desear; esperamos que éste no sea el caso, ya que la aguardamos con muchas ganas.
Portada del Libro The Dirt. «Sin lugar a duda, es la crónica más detallada de los increíbles placeres y peligros del estrellato del rock and roll que yo haya leído jamás. Es absolutamente apasionante y a la vez completamente repulsiva. Una historia de hombres malvados contada por ellos mismos. Armados con lápiz de ojos, guitarras y jeringuillas, los hombres de Mötley Crüe consiguieron todo aquello que deseaban y luego lo echaron a perder. ADVERTENCIA: Después de leer este libro, nunca volverá a sentirse limpio. Resulta imposible desprenderse de The Dirt». Crítica de Joe Levy, editor de la revista Rolling Stone.
Si no escuchaste nada de Mötley Crüe o no son de tu agrado, no puedo darte motivos para mirarla todavía, ya que sólo existe un tráiler, pero puedo guiarte sobre que habrá en ella. En un principio hay que aclarar que el trabajo está basado en el libro “The Dirt” (mismo nombre que llevará la película) escrito en 2001 por los integrantes, en donde cuentan sus más bestiales anécdotas; fue bien recibido por los críticos y los fanáticos, a tal punto que es considerado el mejor disco sobre excesos en el rock escrito alguna vez jamás.
Ahora bien, visionando el tráiler podemos darnos una idea de que se centrará más que nada en el aspecto humano que en lo musical. Por lo tanto si su música no es de tu agrado, no creo que sea un impedimento a la hora de disfrutarla. Y no es que su vida haya sido aburrida ni mucho menos, como se dijo anteriormente tuvieron el status de ser una de las bandas más peligrosas del planeta, llevando los excesos a tal punto, que sus representantes y productores decidieron ponerles un freno.
Como anécdotas destacadas de sus atropelladas vidas, te nombro dos de las más conocidas: el cantante Vince Neil chocó estando borracho provocando la muerte de su acompañante, un baterista de otra banda muy amigo de él, por esto tuvo que afrontar cargos judiciales; y la otra en la que el bajista y gestor del grupo Nikki Six murió por sobredosis, y a los 5 minutos fue resucitado por unas inyecciones de adrenalina que encargó un médico; después de éste suceso se inspiró para componer la canción “Kickstart My Heart”. Estos hechos casi con seguridad estarán en la película, pero de resto dejaremos que se sorprendan con los que conocemos y creemos que estarán.
A su vez, lo más probable es que gire en torno a una comedia y si bien tendrá sus partes dramáticas, la idea será sorprenderse jocosamente de sus anécdotas. Musicalmente creo que no será tan importante como lo fue en “Bohemian Rhapsody” de Freddie Mercury, aunque seguramente se detengan a explicar el porqué de algunas de sus composiciones, no será el objetivo del film hacer un estudio sobre las mismas. Por lo pronto, en el tráiler se pueden escuchar la balada exitosa “Home Sweet Home” y la anteriormente nombrada “Kickstar My Heart”.
En resumen y a modo de cierre, pienso que ya no se puede agregar mucho más, ya se dijo lo que más o menos creo que será, ahora solo resta esperar. Ojalá sea una producción en la que se note el trabajo y compromiso por dejar en alto la leyenda de ésta gloriosa banda ochentera; y por qué no, para volver a confiar en las producciones propias de Netflix.
En una época donde las pistas de baile comunes están copadas por géneros determinados—léase reggaetón, pseudo-electrónica, trap y demás estilos relativos—, la simple escucha de bandas bailables ajenas a éstos se hace complicada; no porque no abunden, sino por su poca distribución comercial a comparación de la constante difusión de otras. En este sentido, cuando uno por fin halla un artista que lo complace musicalmente, a punto tal de poder cantar y bailar sus canciones, la sensación conseguida resulta gratificante. Y Pigeons Playing Ping Pong, con su álbum Psychology, sin lugar a dudas logra que uno alcance dicha satisfacción.
La banda estadounidense, nacida en Baltimore, sacó en el año 2014 su segundo disco de estudio, que conserva fuertes rasgos funkys. No obstante, a lo largo del mismo también se puede apreciar otro elemento que caracteriza no solo a esta producción, sino a la banda en sí misma: la influencia ‘groove’, rítmica, propia de un sensacionalismo jovial, que invita a los oyentes a disfrutar de sus sonidos volados y pegadizos, en un primer momento; y a acompañarlos, luego, con movimientos físicos dignos del funk más sensacional.
De esta manera, el CD inicia con “F.U.”; una representación hímnica del género antes mencionado; ya desde el comienzo los autores de esta obra nos demuestran el impulso que pueden tener para movilizar cuerpos. El sonido que desprenden las guitarras recuerda los años sesenteros donde el funk comenzaba a brillar; asimismo, la línea que sigue el bajo conserva al oyente a flote en todo momento, entre un mundo real y la ilusión de aquello que escucha. Tal es el protagonismo que los instrumentos tienen, y su permanencia escénica no finaliza en la primera canción—de la misma manera sucede con la esencia funk. “Melting Lights”, “Time to Ride” y “Up funk” son los ejemplos paradigmáticos que acompañan al track número 1 en lo que respecta a la hegemonía del género comentado.
No obstante la inherencia de dicho estilo durante toda la extensión del álbum, sucede que, en otros momentos del mismo, se utilizan ciertos arreglos y estruendos de pedal que enaltecen otra propiedad muy interesante: el concepto psicodélico de Pigeons Playing Ping Pong. Ya sea por la combinación de los punteados—por algunos segmentos, relajantes cual potente narcótico; por otros, semejantes a una inyección de epinefrina— con los bajos retumbantes, o por la modificación sonora que le da el fantástico uso del pedal, algunas canciones se alcanzan a percibir surrealistas. “Moonwalk”, “Schwanthem” y “Sunny day” podrían servir como prueba suficiente, pero existe una composición que las hace palidecer—y no solamente a ellas. El clímax del álbum se alcanza cuando “Horizon” tira sus primeros acordes al aire: los instantes iniciales del tema sumergen al oyente, para que luego éste pueda dormirse lúcidamente por un par de minutos. Así las cosas, después la canción empieza a tornarse vibrante y compulsiva, para finalizar en el mismo ambiente onírico que había presentado de forma previa. De todas las joyas, el diamante más brillante.
Por último, se podría decir que la evaluación cualitativa del álbum no encontraría pormenores importantes; esto quiere decir que la calidad del mismo se encuentra casi intacta. Sin embargo, los oyentes de hartazgos rápidos podrían considerar que es un álbum con pistas bastante repetitivas. Asimismo, quien elija Psychology por creer que su título corresponderá a líricas complejas y/o profundas, quizás podría llevarse una pequeña decepción. No obstante ello, estos elementos no alcanzan a frustrar la imagen poderosa que Pigeons Playing Ping Pong nos dejó con su segundo disco de estudio. Demás está decir que se recomienda escucharlo.
Comentario Bonus-track: Llegando al décimo segundo track, “Live life”, la banda adecúa su estilo funk al sonido tranquilizante propio de una composición reggae. En sí misma, la inclusión de una canción como esta representa un acierto gratificante del grupo, por lo cual merecía una mención especial.
Luego de su exitoso álbum debut, Courtney Barnett se uniría Kurt Vile para lanzar un disco que prometió pero que no resultó ser tan auspicioso como se esperaba. Es como si Courtney hubiera sido tapada en lugar de desatar todo su talento. Por lo que la llegada de su segundo disco solista era esperado para escuchar más de lo que ya había hecho en su primer álbum. Sin embargo, esta nueva placa nos muestra que tuvo un claro declive en su nivel compositivo.
En Tell Me How You Really Feel, Barnett nos ofrece canciones Indies que están bien, pero que dejan la sensación de poco. Hay un detrimento en las melodías y en la calidad de las canciones. Temas como “Nameless, Faceless”, dejan una impresión de que no está haciendo nada verdaderamente especial. Pero lo que más se extraña es la onda dylanesca que Courtney llegó a tener en su debut.
Por eso Tell Me How You Really Feel es un disco que en su conjunto tiene un sabor a Indie Rock bastante convencional. Que no está mal, que es diverso en lo que ofrece (puede ir de canciones bien Pop como “Charity” a temas que muestran su faceta más rockera como “I’m Not Your Mother, I’m Not Your Bitch”), y que tiene buenos momentos como “Hopelessness” (con su melodía más oscura), “City Looks Pretty” (destacándose en sus cambios de estructura), “Sunday Roast” (con su onda más tenue que le da un encanto particular) y especialmente en “Need a Little Time” (que tiene la mejor melodía del álbum). De todas formas, si la australiana los capturó por lo que hizo en su primer trabajo, sepan que no van a encontrar un álbum a la misma altura en esta oportunidad.
La mejor y última gran década musical tuvo espacios para el estrellato fugaz de grupos de grunge o post grunge como Bush (los Nirvana británicos), que no se sostuvieron a lo largo del tiempo como otros pero que fueron capaces de crear discazos como: Sixteen Stone (1994).
A fines de 1992 el cantante y guitarrista Gavin Rossdale y el guitarrista Nigel Pulsford se reunieron en un concierto en Londres y decidieron comenzar a experimentar con sonidos agresivos y a la vez melódico con influencia de grupos americanos como Pixies y Nirvana. El resultado de esta mezcla recibió mayor aceptación en Estados Unidos que en su país natal, donde alcanzaron un éxito marginal, convirtiéndolos en una de las bandas comercialmente más exitosa de mediados de los noventa.
Aunque ni su composición ni sus letras resultaron por demás originales, Sixteen Stone se encuentra impecablemente producido y ejecutado y además incluye los sencillos más significativos en la carrera de Bush, tal es el caso de “Everything Zen”, “Machinehead”, “Glycerine” y “Comedown”.
Durante el resto de los noventa Bush continuaría siguiendo las reglas y los estándares del rock alternativo estadounidense, con algunos altibajos, hasta su cuarta placa Golden State en 2001, donde sus miembros contarían con un tiempo para dedicarse a otras inquietudes, como la carrera de actor de Rossdale, antes de volver a reformarse diez años después.
F.V.
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